El diputado federal Manuel de Jesús Baldenebro le ha dado a sus representados puro camote, literal. En los últimos meses ha repartido toneladas de tubérculos y otros productos, como parte de una estrategia comunicativa y filántropa que arrastra desde 2009.

 

“La política del camote” es ofensiva al juicio de algunos ciudadanos que les sobra para llenar el refrigerador, pero a los ojos de sus beneficiarios, es como un maná caído del cielo, qué importa que sea puro camote.

 

Al Balde no le interesa quedar bien con los clasemedieros y aspiracionistas que cuestionan su desempeño en el Congreso de la Unión, o su activismo político en Durango, donde hace de todo, menos legislar por Sonora. 

 

El Balde es vago, un político curtido en las filas del PRI, que sabe que con los que hay que quedar bien es con los de abajo, con los que cuestionan poco y dan votos. 

 

-Al menos este me dió algo-, diría Juan Pueblo. 

 

Pero la notoriedad del Balde no es casualidad. De manera extraordinaria Baldenebro se abrió a las redes sociales y hasta “foto pal face” sube en su página oficial, de donde es aplaudido y más que pronto recordado como el “mataperros”. 

 

Pero Baldenebro tiene Balde-concha y entiende el efecto de la popularidad, qué importa si es mala o buena, es popularidad al fin. 

 

El Balde quiere hacer punto para el 2024.Y no hace mucho manifestó que quería volver a ser alcalde de San Luis Río Colorado por Morena. La noticia pasó desapercibida y casi como una vacilada, pero que fue tomada muy en serio por algunos grupos. 

 

Baldenebro planteó abiertamente la intención de hacerle sombra al diputado local Ricardo Lugo; una declaración temeraria, tomando en cuenta que detrás de Lugo está el respaldo de Santos y Alejandro González para que sea el sucesor del poder en el Ayuntamiento de San Luis Río Colorado.

 

El Balde pretende ser medido con Lugo y si las relaciones con Marcelo Ebrard y Mario Delgado no funcionan, optará por negociar. Porque el Balde no sólo opera tripas, también opera políticamente,  incluso con la intención de ganar perdiendo. Todo puede pasar.