Inseguridad y la varita mágica

Como si tuvieran una varita mágica, a los candidatos se les hace fácil resolverlo todo. Y cuando hablan de seguridad, pareciera que por arte de magia van a transformar a sicarios en almas caritativas, gentiles y al servicio de los desvalidos.

La violencia e inseguridad que adolecen los sanluisinos y todos los sonorenses no son problemas que se arreglen con varitas mágicas o con el gastado discurso  de «yo tengo la solución» que hoy se cargan los candidatos.

Sería ingenuo creer que un político local o aspirante gobernador va a controlar la delincuencia y devolver la paz que nos fue arrebatada a punta de balaceras, levantones, encobijados y persecuciones.

Para los candidatos, particularmente de oposición, el problema de la violencia hace clic con ciudadano de manera natural y genuina. Pero decir que llegando al poder la maña será puesta a raya, controlada y sometida, eso es un verdadero atraco a la inteligencia.

Quienes ya han estado en el poder entienden mejor que nadie que la seguridad no es algo que se aborde tan a la ligera o con varitas mágicas. La seguridad es un asunto complejo que sobrepasa el entendimiento y  los mismos poderes.

Hablando de San Luis Río Colorado, la inseguridad será el principal blanco de ataque de los opositores a la reelección de Santos González Yescas. Paco Ochoa, Hilda Herrera, Montes Piña y Marco Antonio Luna hicieron de la  inseguridad el principal grito de guerra en sus arranques de campaña por la presidencia municipal.

Lo que también queda claro es que los malos o buenos resultados, depende del cristal con que se mire,  del Comisario de la Policía Municipal Manuel Lugo Durón serán el talón de Aquiles de la campaña y del gobierno.

Me atrevería de decir que Lugo Durón y ningún otro comandante que llegue a San Luis va a poder controlar la delincuencia organizada que opera en la región, y es que, sencillamente son fuerzas que sobrepasan a las instituciones municipales, estatales y federales. Lo único que les queda es tratar de contener al crimen y a veces, enfrentarlo.

El candidato a alcalde que prometa controlar al crimen y devolver la tranquilidad a las calles, miente o desconoce los demonios que estaría enfrentando de llegar al poder.

La maña que hoy opera en la región no ocupa pedir permiso para extender sus dominios, no ocupa esperar a un cambio de gobierno para disputar la plaza. La delincuencia tiene su propio gobierno y se rige bajo la ley del plomo.

Haría falta una verdadera reconstrucción del tejido social y un trabajo coordinado permanente de las fuerzas del orden para conseguir revertir un poco la realidad que nos tocó.